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Se conoce con el nombre de Geopatía a toda alteración geofísica o telúrica que tiene una incidencia directa perturbando la estabilidad del campo magnético terrestre en el que nos encontramos sumergidos. Las más conocidas son las aguas subterráneas y las fallas aunque hay muchas otras como cavidades, grandes masas metálicas, cruces de líneas Hartmann y Curry, chimeneas Guy Tyson o cosmotelúricas, etc.

La presencia de estos fenómenos produce una alteración en la onda natural de vibración del campo magnético terrestre, afectando la salud biológica de los seres vivos que se encuentran en el lugar. El lugar ideal y sano para el ser humano es aquel que está energéticamente entre 6.500 y 8.500 UVB (Unidades Vibratorias Bovis).

Los seres vivos somos seres electromagnéticos, nuestros organismos utilizan esa energía para la ejecución de sus funciones vitales. El lenguaje de los átomos que conforman nuestras células circula por vías de electromagnetismo y por tanto su equilibrio es fundamental para nuestra salud.

Son muchos los factores que intervienen en el estado de salud de una persona, entendiendo la salud como el estado de óptima vitalidad y estabilidad en el organismo y no sólo la ausencia de enfermedad. A nivel físico hablaríamos de la alimentación, ambiental de la calidad del aire y de los campos electromagnéticos, y a nivel espiritual de los pensamientos, intenciones, palabras y emociones con que nos alimentamos a diario.

Cuando en nuestro descanso nocturno estamos sometidos a alteraciones en el campo magnético se crea, a largo plazo, un factor de riesgo para la salud, que produce desequilibrios de diferente índole dependiendo de los factores de riesgo de cada sujeto y de la combinación e intensidad de dichas alteraciones.

 

Algunos de los factores que determinan el grado de afectación por geopatía en una persona son:

– Estado de salud y vitalidad
– Qi personal
– Capacidad orgánica de adaptación al medio
– Tiempo de exposición a una geopatía
– Magnitud de la geopatía

La salud geo-ambiental es un concepto de interés creciente en el siglo XXI a raíz de la penetración generalizada de las nuevas tecnologías en hogares y oficinas y su conjugación con fenómenos naturales que han sido considerados desde tiempos inmemoriales.

Los conocimientos científicos actuales permiten investigar, detectar y medir multitud de fenómenos que hasta hace poco no existían, como pueden ser las radiaciones provocadas por routers wifi, teléfonos inalámbricos, antenas de telefonía móvil, techos y suelos técnicos, etc.

Pero la ciencia también permite profundizar en conocimientos que acompañan al ser humano desde la antigüedad y que el racionalismo propio de la era actual ha ido arrinconando sin mayor análisis.

Desde hace miles de años el hombre ha sido capaz de entender la influencia del magnetismo de la tierra en el estado de nuestra salud, dedicándose entonces a detectar zonas geopatógenas para decidir qué lugares son más sanos para vivir.

Hemos sido conscientes de las radiaciones naturales que emanan del terreno y de sus efectos en la salud, y hemos podido detectarlas por métodos de bio-sensibilidad, fenómeno que es en realidad natural e inherente a todos los seres vivos.

Estos conocimientos ancestrales han sido recogidos en una ciencia multidisciplinar conocida como Geobiología, que estudia la relación e interacciones entre la Tierra (Geo) y los seres vivos (Bios), y de hecho también el Cosmos, de ahí que algunos investigadores señalan que GeoCosmoBiología sería un nombre más adecuado para esta disciplina que reúne tan diversas áreas de estudio.

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